vicentebb

martes, mayo 31, 2005

Correr

Se empieza un día, cada cual por una razón distinta, y poco a poco uno se va aficionando: primero tres días a la semana un ratito, luego te das cuenta de que te gusta, te relaja, te cansa, que hay más como tú y que la mayoría es buena gente, y el ratito se va alargando; en lugar de tres días sales cuatro, bueno va, cinco.

Y te enteras de que los fines de semana hay carreras y que va mucha gente, algunos de ellos tus compañeros ocasionales: decides apuntarte. Posiblemente en tu primera carrera sufres en demasía, acabas destrozado, jurando que es la última,... pero al rato tus sensaciones cambian: qué buen ambiente en la salida, he sufrido pero he acabado, cómo me animaban los compañeros durante la prueba; y al término de la carrera, los comentarios e impresiones de la gente, el buen rollo entre todos, que bueno estaba el bocadillo, y hasta me dan una camiseta,... pues igual me lo pienso y me apunto otra vez,.. ¿cuándo es la próxima?

Y el gusanillo empieza a estar a gusto en tu interior. Sacas tiempo de dónde antes no lo había; tu instinto de superación se refuerza día a día; cada día te encuentras mejor: YA NO PUEDES DEJARLO.

Y te lesionas.

Te cabreas enormemente y los primeros días estás insoportable, pero poco a poco te sublevas y piensas en que te queda poco para estar bien y volver a salir, y cuando llega el momento es como una liberación: tu humor mejora, tienes más ganas que nunca y debes controlar tus ansias por recuperar el tiempo perdido.

Y tus compañeros ocasionales se convierten en tus amigos, porque compartes con ellos algo especial. Intercambias vivencias, anécdotas, compartes los cabreos de tu mujer porque “¿todos los días tienes que salir a correr?, ¿este domingo también carrera?,...”, y así parece que éstos lo son menos; en fin, correr se convierte en algo básico en tu vida, que ayuda a llenarla.

Y tendrás momentos malos, buenos y mejores, pero cada vez que te paras a reflexionar y haces un resumen de lo que ha significado para tí y tu entorno este cambio, la conclusión siempre es la misma: ¡Que gran día aquel en el que tomé la decisión!